Restricciones a los restaurantes en el mundo

En España las decisiones corresponden a las comunidades y hay un cerco perimetral entre la casi totalidad de ellas. En líneas generales y para no aburrir hay toque de queda de 23:00 a 6:00 y los restaurantes pueden abrir hasta las 22:30. Existe prohibición de reuniones de no convivientes en casas particulares de muchísimas regiones. Hay provincias, como Guipúzcoa, que tiene el toque de queda a las 22:00, otras como Madrid que lo pospone para las 23:00 y Pamplona lo adelanta una hora.
En Austria los restaurantes están cerrados, solo existe delivery y los supermercados piden test negativo para entrar.
En la civilizada Francia los restaurantes y bares están cerrados, también las escuelas, hasta mediados de mayo. Y las sanciones por delitos cometidos durante la cuarentena varían entre un año de cárcel y una multa de €15.000 (US$17.700) por poner en riesgo la vida de alguien.
En Alemania los bares y restaurantes se consideran actividades no esenciales y están cerrados desde hace meses.
En Portugal los restaurantes, lo afirma la página de turismo de Lisboa, solo funcionan en take away o delivery.
En Italia los restaurantes están cerrados.
En casi todos esos lugares hay movimientos de protesta exigiendo mayores ayudas o permisividad y también cocineros que abren sus puertas a cenas caras y exclusivas. Algunos países pueden ampliar sus ayudas a la gastronomía, otros no. En muchos lugares las medidas son un tímido intento de tapar el sol con las manos, más políticas que sanitarias.
El COVID-19 debería haber sido un tema ajeno a la política porque sus consecuencias nos atañen a todos y definen nuestro futuro, pero no hemos sido capaces. Mientras esperamos que los días pasen y la tormenta que anuncian los expertos no se produzca o tengamos que llorar miles muertos solo nos queda cuidarnos y eso, de momento, no contempla, a mi juicio, la posibilidad visitar a los restaurantes que quiero. Cuidarnos es la consigna y este cenador, habitualmente muy salidor, le ha prometido a la persona que vive con él que no la pondrá en riesgo.

Pancho Ramos

Nací en La Plata en el siglo pasado y viví, desde 1976 hasta mediados del 92, en Madrid. Recién llegado a esa ciudad descubrí, de la mano de un amigo, las sutiles diferencias entre las diferentes variedades de pescados de roca: arañas, cepolas, cabrachos, gallinetas, rapes… Una lección inolvidable y el inicio de una pasión no siempre correspondida: amigos y gastronomía. No soy un foodie, tampoco un profesional. Sólo un cenador, viajado y con años de oficio.
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