Llegando casi al cruce de la calle Luz Saviñon con Avenida Cuauhtémoc en la Colonia Narvarte se ven una papelería, una tiendita y un local con tres mesas sobre la banqueta. Modesto. Se escucha música de algún disco de esos de Chill-Out de mediados de la década pasada. Se llama La Cicala y los meseros están tan apurados atendiendo sus ocho mesas que no invitan a pasar a los transeúntes. Es el secreto mejor guardado de la colonia Narvarte. Una pizzería donde por las noches los dueños llegan a preguntar a los comensales si les parece bien la comida. Hasta parece que no se dan cuenta.
Sus especialidades son italianas: pasta y pizza. La oferta incluye lasagna, caneloni, gnocchi en salsa de cuatro quesos, penne, spaghetti y fetuccini en varias presentaciones. Los hay con salmón, anchoas, tocino, etc… El más llamativo por sonar poco común es el fusili en salsa cremosa al curry con pollo, piña, coco, uva pasa y almendra. También preparan un risotto delicioso con champiñones, setas y portobello.
Las pizzas de La Cicala son artesanales y cocidas en horno tradicional. De masa delgada y con ingredientes frescos y naturales.
No esperen nunca un champiñón de lata ni por accidente y por el contrario, todos los vegetales son coloridos y llenan de vida el plato. En sabor van de gane, en textura son cercanas a la perfección. Hay desde la margarita con tan solo tomate, queso y orégano hasta la más carnivora. Para limitarme solo a lo vegetariano que es lo que aquí nos atañe detallaré las opciones del menú:
Palermo: Tomate, queso, cebolla, pimiento rojo y verde y champiñon.
Quatro formaggi: Tomate, queso gouda, queso azul, queso camembert y de cabra. Es el plato más caro de la carta con sus $154 pesos.
Funghi: Tomate, queso y champiñon.
Pomodoro: Tomate, queso, jitomate fresco, perejil y ajo.
Caprese: Tomate, queso, queso mozarella, jitomate y albahaca.
La variedad de ensaladas abarca diez distintas. La mayoría de ellas completamente vegetarianas que créanlo o no es una hazaña. He encontrado lugares donde solo venden ensaladas con atún o pollo y hasta se ofenden si uno pide algo sin carne. En esta visita pido la orden de gnocchi en salsa de cuatro quesos. Vienen servidos sobre una cama de queso parmesano asado y crujiente. Vale la pena pedirlos junto a una de las ensaladas y no abusar en la pizza porque es fácil quedar con la sensación de sobredosis del queso.
Los postres valen mucho la pena. El mousse de chocolate, según me cuentan, proviene de una receta extraída de un conocido restaurante de un gran hotel de la zona de Polanco ya que el chef es cercano a los dueños.
Les pasó el consejo y lo supieron aprovechar para dar un postre delicioso por apenas $40. Gracias a él aún no me aventuro ni por el tiramisú, ni las crepas de nutella, cajeta, fresa, chocolate o queso philadelphia con zarzamora.
Parece que que la única razón por la que no ha crecido este changarro es porque no tiene hacia dónde. En cuanto se desocupe algún local al lado se lo van a comer o cuando encuentren otro más grande se podrán mudar. Vayan pronto y aprovechen su modestia. Eso sí, no aceptan tarjeta de crédito y si se hacen clientes en una de esas hasta se ganan derecho a fiado. Es el barrio.
La Cicala se encuentra en Luz Saviñon #1364 entre Yacatas y Cuauhtémoc.
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